La microbiota: una aliada clave en la cicatrización de las heridas
19/02/26
La microbiota: una aliada clave en la cicatrización de las heridas

Hoy en el acto inaugural del congreso. De izq a dcha: Amparo Galindo, secretaria general de SEHER; Daniel Chaverri, presidente de SEHER; Susana Fernández, consejera de Turismo Ayto Zaragoza y Sari Arponen, experta en microbiota
En Zaragoza, a 19 de febrero de 2026. La Sociedad Española de Heridas (SEHER) ha presentado hoy en Zaragoza, durante la conferencia inaugural ‘microbioma y heridas’ de su XIII Congreso Nacional, una nueva estrategia para mantener las heridas en condiciones óptimas de cicatrización.
Se estima que 38 billones de bacterias rodean nuestro cuerpo y/o se hallan infiltradas en él. Es lo que conocemos como microbiota: el conjunto de microorganismos —principalmente bacterias— que viven de forma natural en nuestro cuerpo (en la piel, el intestino o las mucosas) y que desempeñan un papel clave en el equilibrio del organismo y en procesos como la inmunidad, la inflamación y la salud de los tejidos.
La mejora de las técnicas de secuenciación genómica, como la secuenciación de nueva generación (NGS), ha permitido avances significativos en la caracterización del microbioma en diferentes situaciones y localizaciones de nuestro organismo, lo que abre un nuevo escenario, también para el tratamiento de las heridas.
La Dra Sari Arponen, médica especialista en Medicina Interna y doctora en Ciencias Biomédicas, encargada de esta ponencia, nos explica que “hasta ahora, con lo medios tradicionales, diagnosticábamos las bacterias patógenas (malas) y no detectábamos ni dábamos importancia a las bacterias comensales (las que conviven con nosotros y nos son beneficiosas). Estas técnicas de NGS nos permiten caracterizar todas las bacterias que nos rodean, las “malas” y las “buenas”. Y por tanto determinar si existe disbiosis; es decir, un desequilibrio entre bacterias patógenas y bacterias comensales”.
En el caso de las heridas, la teoría apunta a que para que una herida cicatrice correctamente debe existir una población bacteriana favorable. Un equilibrio entre buenas y malas, a favor de las buenas. Si por diversos motivos, las malas van superando a las buenas (disbiosis), la herida empezará a cicatrizar más lentamente o detenerse, sin presentar signos de infección - ya que no habrá todavía bacterias malas suficientes como para ocasionarla- pero sí para llevar a la herida a un estado inflamatorio que ralentice su cicatrización.
El Dr. Daniel Chaverri, presidente de SEHER, señala el nuevo escenario que el microbioma presenta para el tratamiento de las heridas: “si con las técnicas de nueva secuenciación puedo encontrar un mapa/patrón de microbiota ideal para la herida (biomarcador), podría monitorizar la evolución de esa microbiota en el tiempo. Si viera que el patrón se altera con un mayor componente de bacterias malas, podría aportar a la herida probióticos que restablecieran el patrón ideal, y así tener siempre en la herida un patrón de bacterias favorables para la cicatrización, de tal manera que esta sea más rápida, o por lo menos que no tenga interrupciones”.
Se estima que 38 billones de bacterias rodean nuestro cuerpo y/o se hallan infiltradas en él. Es lo que conocemos como microbiota: el conjunto de microorganismos —principalmente bacterias— que viven de forma natural en nuestro cuerpo (en la piel, el intestino o las mucosas) y que desempeñan un papel clave en el equilibrio del organismo y en procesos como la inmunidad, la inflamación y la salud de los tejidos.
La mejora de las técnicas de secuenciación genómica, como la secuenciación de nueva generación (NGS), ha permitido avances significativos en la caracterización del microbioma en diferentes situaciones y localizaciones de nuestro organismo, lo que abre un nuevo escenario, también para el tratamiento de las heridas.
La Dra Sari Arponen, médica especialista en Medicina Interna y doctora en Ciencias Biomédicas, encargada de esta ponencia, nos explica que “hasta ahora, con lo medios tradicionales, diagnosticábamos las bacterias patógenas (malas) y no detectábamos ni dábamos importancia a las bacterias comensales (las que conviven con nosotros y nos son beneficiosas). Estas técnicas de NGS nos permiten caracterizar todas las bacterias que nos rodean, las “malas” y las “buenas”. Y por tanto determinar si existe disbiosis; es decir, un desequilibrio entre bacterias patógenas y bacterias comensales”.
En el caso de las heridas, la teoría apunta a que para que una herida cicatrice correctamente debe existir una población bacteriana favorable. Un equilibrio entre buenas y malas, a favor de las buenas. Si por diversos motivos, las malas van superando a las buenas (disbiosis), la herida empezará a cicatrizar más lentamente o detenerse, sin presentar signos de infección - ya que no habrá todavía bacterias malas suficientes como para ocasionarla- pero sí para llevar a la herida a un estado inflamatorio que ralentice su cicatrización.
El Dr. Daniel Chaverri, presidente de SEHER, señala el nuevo escenario que el microbioma presenta para el tratamiento de las heridas: “si con las técnicas de nueva secuenciación puedo encontrar un mapa/patrón de microbiota ideal para la herida (biomarcador), podría monitorizar la evolución de esa microbiota en el tiempo. Si viera que el patrón se altera con un mayor componente de bacterias malas, podría aportar a la herida probióticos que restablecieran el patrón ideal, y así tener siempre en la herida un patrón de bacterias favorables para la cicatrización, de tal manera que esta sea más rápida, o por lo menos que no tenga interrupciones”.